jueves, 26 de enero de 2012

SINTIGO.





Tú te quedaste mi alegría.
No la sueltes nunca.

Tú, que escupiste sobre el hombre
que ha de darte sepultura...

Tú, sobre la cuerda de tender
de la memoria y la cordura.

Tú, culminación del hambre,
inevitablemente suya.

Tú, que me diste el corazón,
que me robaste tanta esdrújula.

Tú, que en el fondo de tus ojos
guardas el amor que me supura.

Tú, que parece que hables sola
cuando el silencio besa tus súplicas,

Tú, que tienes una parte de mi
que todos desconocen por tu culpa.

Tú, que no tienes perdón
porque yo no tengo cura.

Tú, que te vas doliendo
como yo me voy con mi ternura.

Tú, que soñaste con salvarme
y ahora recoges mi muerte en la penumbra.

Tú, que mereces otros cuerpos
porque mi tristeza es única.

Tú, que dices que conmigo,
que sientes que me exprimo con la música.

Tú, que celebras las miradas asesinas
que me bajan a la tierra y me claudican.

Tú, que en el fondo tienes una pena
que es de otro, y ese otro mata por la viuda.

Tú, que has jugado con mi historia
deberías de saber que fuimos nunca.




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