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miércoles, 23 de mayo de 2012

POMPEYA.




Sobre el martirio de los disparos
se alzaba una ciudad en ruinas.

Sobre sus cenizas, la carne de Pompeya
recobraba su vitalidad.

Héroes por todo lo vivido,
 alejados de su ignorancia y su vigorosidad
desfilaban los gigantes por mi pecho.

Pasabas tú de puntillas por mi pena,
el techo olía a muerte, tus senos se esparcían
por mi boca a la velocidad del viento.

Sudábamos enfermos la última colilla.

Ahora lo grito en alto pero entonces
lo silenciaba destruido:

Si alguna puta se cambió de acera 
yo también me cambié de puta.

Sigo lamiendo

paraísos artificiales y estructuras 
de naturaleza muerta.

jueves, 23 de febrero de 2012

CADAVÉRICO




- Lo que nunca entendí fue esa obsesión tuya por las barras y las putas.
- La noche estaba llena de canciones y yo me puse a silbarlas.
- Pero en una de esas podías haberme perdido para siempre. No te importaba eso?
- Sólo me importaba que a las seis de la mañana una mujer no hiciera preguntas de ese tipo.
- Por eso estás tan lejos. No te das cuenta de que la vida se construye a tu alrededor, eres un cadavérico venido a menos y sin embargo parece que todo te siga resbalando. Dime, ¿nunca piensas en todo lo que tuviste?

- Pienso demasiado en todo lo que tuve, pero detenerse ahora sería
peor que uno de esos libros de autoayuda que no sirven para nada. A mi sólo me pueden ayudar los cuerpos y las emociones.
- Ya no se que hay de real en ti y qué de imaginario. Y sin embargo, si me quedo aquí diez minutos más acabaré diciéndote que me lo hagas otra vez. Tengo que aprender a vivir sin ti y tú tienes que aprender a vivir sin ti.
- Alguna vez te dije lo mucho que me gustaban las farolas cuando volvía de dejarte en casa?
- No.
- Pues si. Me encantaba contarlas, de una en una, imaginarme una luz, una dentellada de luz a altas horas y pensar que todavía conservaba a la mujer más hermosa del mundo.
- Charly, debo irme. No quiero que me hables. Que me convenzas. No quiero estar aquí mas tiempo y acabar viéndote como la última vez que nos cruzamos.
- Y cómo me viste aquella vez?
- Perdido y triste.