Mostrando entradas con la etiqueta 1. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta 1. Mostrar todas las entradas

viernes, 3 de febrero de 2012

KETAMINA.






No se lo perdonarán, ni ellos ni nosotros.
He perdido el miedo a que te vayas
porque siempre vuelves.

Cuando me prendo fuego
sólo tus lágrimas apagan el incendio.

Cuando te abro, se va el hombre
que me espera triste y desasistido.

Y bailo para ti, en ese cielo de tormentas ocres
que da cobijo a puestos malditos y delirantes.

Soy el rey de la selva, danzan los espectros

y la vida sigue siendo una pregunta inalcanzable.


27-12-11.






Una vez conocí a una mujer
y me atreví a llevarla donde nunca estamos,
a dónde no llegamos nunca.

-No temas
a mi también se me acabaron las palabras-.

Crecieron en mi las ganas de escribir
y me supe escritor sólo cuando vi que sus ojos
estaban llenos de mis tachones.

Ahora ya no escribo cosas largas,
no cabemos.

Me he perdido en el viaje de ida,
no importa, hemos aprendido la lección.

Todo lo que nos une
al fin y al cabo también nos separa.

Nadie puede devolvernos. Tú lo sabías
y yo no quise verlo.

Nace el tiempo de los otros. Imberbes
escritores que se hacen eco de esta historia.

Me escriben y escuchan mis canciones. Preguntan
lugares, sitios, estaciones… me dicen
pase lo que pase tú no cambies nunca.

Y yo, sólo puedo responderles
que una vez conocí a una mujer

que ya no existe.






PUERTAS.





Mientes

Cuando dices que me amas
sé que mientes.

Cuando dices que todavía
esperas tras la puerta

sé que mientes.

Eres más cobarde que yo

que me empujo a la vida
desordenado y triste

con el único miedo
de no tenerte nunca

mientras tú

vas frenando en todas las paradas
de la tuya

y ya ni siquiera yo
cuento como uno de tus miedos.



PAN Y CIRCO.









Cuando necesito de tu abrazo
siempre estoy solo.

Cuando más hambre tengo
nada me alimenta.

A quién le debo una disculpa,
si de tanto romperme por dentro
se me sale el corazón por la boca.

Quién desatiende mi vigilia,
quién me acuna en este sórdido domingo
de traiciones y paseos vacíos.

La rosa de los vientos –dices-,
ya viraste conmigo, todo se destruye
cuando todo lo que soy está en tus ojos
y no sirve.

Ni siquiera quiero hacértelo,
me flagelaba en las arrugas de la cama
y el pantanoso tiempo en el que respiro
de mi mismo, de mi conducta.

Necesito un abrazo me contesto
pero las horas pasan implacables
y la mujer del sueño me despierta
en seco.


He de marcharme urgente,
manda un mensaje, pégate un tiro,
dile que la quieres como si mañana
lo prohibieran.

Separa los mocos de los llantos,
envuélvete en la sábana,
cambia la emisora,
sécate el sudor.

Para qué si después de la droga
seguirás ahí,
porque tú no cambias,
porque si cambias es para dejarme atrás
y si corro detrás de ti siempre es
Para tropezarme.

Ya sólo me dueles. Sólo te proyectas
De la misma manera que una mujer cualquiera
Puede cogerme de la mano cualquier jueves.

Ya no somos nada más que pan y circo.



Sombras en el corredor de la muerte,
borrachos en el sobrecogedor resumen
del pasado, donde tú me apurabas creyendo
que todo iría mejor sin ti.

Pero cómo va a ir mejor
si después del verso sigues intacta,
si cuando cierro la semana contigo
se abre el amor de la ciudad
como la virgen de las putas,
la caricia prestada, la amable
mano que todavía me sujeta.

Abrázame. Abrázame fuerte
y no me niegues.

Diles que todavía me amas,
yo te creeré, haremos el amor,
retomaremos el viaje, comeremos de los restos
de lo que fuimos y todo dará igual.

Serás una suma de conciencias,
una traición como la que escondes ahora,
una mujer kamikaze bajando por mi boca.

Serás un trozo de aquélla en la que
Nunca creíste, la que también me sirve.

Me darás la vida. Te subirás a la cola del viento,
sin equipajes ni martirios, sin preguntas ni
reproches.

Te devolveré,

exactamente
tuya.



LA ORILLA DE LOS MUERTOS.







Yo no quiero que me hagas de piedra.

Porque a la piedra me dirijo
cuando oigo el llanto lejos
de todo lo que quise.

Allí, donde me conociste,
yo tenía ganas de encontrarte.

Estaba corrompiéndome de una manera
visceral y atolondrada,

por eso es miedo cuando me evaporo
y me fundo en la sustancia,
y preguntas cuando callo
y respuestas sin alivio.

Yo me atormento de manera despiadada,
tampoco quieres eso, tampoco te lo ofrezco.
Hay un invierno frío marcado a fuego,
es el invierno de los hombres que me someten
a la irracionalidad de su mandato.

Ya no lucho. Ya he conocido al Niño del Tripi
que habita en mi, que desentierra
amargos pensamientos que me hacían daño.

Ya me asumo, con culpa y a mi manera,
ya descorcho la noche de las hienas con sonrisas,
ya no me clavo cruces de silencio por contrato.

La que duele para unas, es vida para otras.

Amor eléctrico, desintoxicación del alma
para atravesar el fuego de Dante,
la orilla de los muertos.

Porque esa es la única manera de ver como laten
los restos del naufragio.



ERRORES.





De todos los errores que cometí contigo
renunciar a ti sería
el único perdonable.

Yo sé que nada entiendes ya
En ese no de nunca que frecuentas
Donde la vida es un canto
Y tu verano amarillea mis carretes.

No. No estamos detenidos en aquella foto.

Todo lo que se sufre, todo lo que duele
es lo que termina en el amor sin palabras.

Y mirarte a los ojos me vuelve vulnerable,
y esta lluvia de principios de septiembre
es una cascada de razones
bajando por tu cuerpo.

Nada te pido
Porque te quedaste mi voz y mi sustento,
Mi alegría y mi fracaso.

Nada te pido.

Sigue llorando para dentro

(lágrimas)

que yo las saco fuera por nosotros,
que yo cometo incesto en estos versos.

Sigue mirando al Norte,
que yo imagino sombras en tu cama,
cobijo redentor del tiempo que no viví contigo,
amalgama de colores que escampan cuando llega
el amor fatuo,
el lobo temerario.

Yo me hago el niño contigo,
luna luna que se rompe de curvarse
y caballos de cartón y caricias desventadas
y aviones plateados que te pinto siempre
para la niña desdentada que me huye.

Yo me hago el intruso. Nada entiende, nada.

Ha llegado Septiembre y nada entiende,
Nada.

Aunque jure por Dios que sí me quiso,
aunque tenga palabra y duda,
lápiz y brea, prado y sonrisa.


Aunque a veces
sueñe que paro la lluvia para ella
y me quedo contigo

para no despertarla.


DULCE INTRODUCCIÓN AL KAOS.






Acabo de pasar por el mismo sitio
lo recuerdo como si no se hubiera ido nunca
ese momento
ese momento de llegar de fiesta
y no haber podido llegar a la comida
con tus padres.

Mi primera rave era
uno de enero entonces me agarraste
como si fuera el último abrazo
y me dijiste llorando no puedo
no puedo Carles.

Yo tenía los ojos mordidos
la mandibula desencajada
la tristeza a punto de sangrarme

entonces me agarraste
como si fuera el último abrazo

y te quedaste conmigo unos meses más.

Tú ya sabías que yo tenía eso dentro
que ella estaba dentro
el veneno.

Y yo no supe cuidarte
porque estas manos son de nadie
cuando nadie se cae con todo el peso
de mi muerte.

Ahora estás enferma
me recuerdas que tuviste clínico
y  que estás mejorando

que me ves bien
sólo porque te he dicho que lo estoy dejando

el veneno.

Tú te quedaste conmigo.

Porque soy un hijo de puta con alas.


jueves, 26 de enero de 2012

TOREROS MUERTOS.







Dejo abierta la ventana de mi cuarto
y por la escalera se oyen las voces
De la vergüenza.

Dos personas se están chillando
a voz en grito
sobre la posible muerte de un torero

y la caja tonta sigue delirando
con su inevitable batalla
de ignorancia voluntaria.

De un tiempo a esta parte
mis compañeros de piso
me tienen como a un alcohólico

bohemio y loco que
a menudo llega los domingos
cuando ellos se levantan.

Hablan del desorden de mi vida
de que ninguna mujer puede querer
a un tipo así,

me juzgan y me dan los restos
cuando sobra comida
-que yo como por no hacerme la cena-

y porque suelo gastar
lo poco que me queda
en vicios y excesos.

En tardes como ésta
todavía tengo algo de orgullo.

Porque ellos discuten
sobre si vivirá lo justo
para que se desvele el entuerto.

Y yo escribo un poema
y esta vez no estoy pensando en ti.







DELIRIO






Deliro cuando pienso
que podría hacerte feliz
y que tu boca es un alivio.
Bajo la cuerda del hombre tibio
no se esconden las raíces que tú crees,
sino los gritos espontáneos de mi `Nuit terrible´
que relamen tu cuerpo impunemente vírgen para mi boca
famélica y deshecha. Demoledor el golpe en tu vientre,
el sexo hecho de páginas. Y no es lo que tú piensas,
no es una cadena la que me ata a una mujer,
o a un pasado, una condena. Es un rostro
que camina firme en el espejo interior
de mi fracaso, soy yo mismo debajo
del penúltimo sueño. Es algo más
que me arranca versos, treguas
y me da derecho al viaje
y a leerle un poema al
revisor que no se fía
nunca de mi boca
por si acaso.


DETRÁS DE UN AMOR (VERSIÓN)





He ido detrás de un amor
como si las vértebras del tiempo
estuvieran abrazándome sin culpas,
como si todo fuera a estar para nosotros
así tan suave que me daba hasta miedo
perpetrarme en tus párpados,
desalojar tus lágrimas,
volver a dejarme caer por tus ansias.

He ido detrás de un amor
como se entrega el pan al mendigo,
y en ese amor he cuidado de ti,
de tu lado más humano,
te he visto perderte en la noche
callándote todo lo que se quebraba
en el útero de la mujer deshecha,
en la encarnecida respuesta
ante el abismo de la soledad.

He ido a tientas, sin detenerme en los aplausos,
sin escuchar los pecados de tu boca,
sin claudicar a los salmos de tu ausencia.

He querido ser una ventana
por dónde se alejan tus miradas,
y sé que cristalizaba la desidia del mundo
cuando tus versos se hacían lluvia
y sufrías todo el humo del cambio.

Yo, que te querido en las barras más ingratas,
que te he callado mas de lo que hablo,
que te he visto llorar sin rumbo fijo.

Yo, que he tropezado detrás de ese amor
abandonándome a caer vulgar y triste
en la irremediable cicatriz del sueño.

Yo, por fin sé que al final de esta luz
puedo soportar el yugo,
que existe el silencio, la tregua y el sentido.

No imaginas el cansancio,
la guerra fría entre el corazón
y el corazón.

No imaginas lo que me cuesta
observarte desde los ojos rotos
del intruso.

Váyase a la mierda usted
y su somos diferentes,
su pestillo en la puerta,
su corazón blindado.

De momento hablamos el mismo idioma,
nos acariciamos con el mismo lenguaje,
gozamos la misma cultura,
estuvimos en el mismo círculo
y permanecemos aquí bajo los mismos focos.

Aléjese unos pasos y observe
como por detrás alguien está metiendo estrellas
en cubos de basura,
alguien comete errores.

Si soy como soy, porque existo,
si existo es porque yo sé como siente,
si siente así alguien va a tocarla pronto,
si la toco por instinto es porque voy detrás de un amor,
si no alcanzo es porque ayer me tropezaba.

Hágales el amor que esta vez soy yo
el que recoge su mentira,
su nada para siempre,
su cabayo de Troya.

Léales diez poemas por el medio,
hágase la tonta por encargo,
sométase al juicio de mis lágrimas.

Pero por favor,
no se me adelante en el camino
que detrás de un amor todo va mas lento
y no se aprecia el vértigo.



LIBERTAD.






La última vez que la vi
llevaba los tacones manchados de sangre.

Vagaba por los bares como
pidiendo una tregua, una respuesta
que nadie conoce.

La habían desvestido tantas veces,
la habían dicho tantas cosas acerca
de cómo hacerse fuerte en la ciudad.

La última vez que la vi
me cogía de la mano y me decía
que lejos queda el tiempo y la distancia
en la que yo me dejaba querer
y tú me empujabas al abismo.

Siempre detrás de ti.

Siempre detrás de ti.

Era irresponsable mi manera de quererla,
como caer levantándose
y una vez se besa el suelo
ya no se aprecia el labio.

La última vez que la vi
no se llamaba Eme, ni Ese, ni siquiera Erre,
no dejaba mensajes en mis ojos apocalípticos,
no se delataba contra mi en cuartos de baño,
no se dejaba querer entre cigarros apagados +
y luces a medio tiempo.

Podía sujetar mi pena
pero no podía arrastrarse conmigo a nuevas esquinas,
podía apaciguar mis ansias
pero no sabía descender por el poema
sin hacerme daño.

Yo la dejaba oculta entre la gente
y la dejaba esparcirse como el humo
que muere contra el viento y sabe a nada,
que se nutre del aire y del desconsuelo.

Yo la dejo en el mar tiritando en la orilla,
la cuido cuando pierde aviones,
la entrego al folio vestida de domingo

y para cuando huyo ya no hay platos sucios,
ni balcones habitados, ni canción de buenas noches.

La última vez que la vi
iba demasiado ciego para verla.


Pero a veces saca fuerzas
de la memoria intempestiva y sucia
y vuelve a cogerme de la mano mientras piensa

¿quién atraca el puerto de tus ojos,
quién te alimenta de caos,
quien hace de tu amor tragedia,
de tu esencia llamas, del temblor
un llanto?.

¿Quién fecunda bajo tu trono
la noche eterna de los hombres buenos,
quién te machaca contra el verso,
quién desatiende tus lágrimas,
quién planta la raíz del desencanto
la mala hierba del hombre que arrastras
desde lejos?.

La última vez que la vi
se llamaba Libertad y estaba sola.




A PEDRADAS.






A pedradas hay algo en ti
que no puede dejarme nunca.

A pedradas soy un hombre
marcado por su tiempo.

Frágil la curvatura de tus ojos
que se detiene en el margen de cada palabra.

Ahí, detenidos en la orilla
todavía reposan nuestros cuerpos.

A pedradas siguen atormentándose
el uno contra el otro

y la función es una tensa espera
donde vagamente renunciamos
sin un poso de violencia.

Déjalo irse suave si sabe irse con estilo.

A pedradas
se edifica el muro de los locos
que me separa de ti.

A pedradas
mi final contigo siempre es mentira.

Espero
que cada mañana
un hombre te mire a los ojos
y te diga “te amo”.

Si no, no podría perdonármelo.

Y todavía quedan piedras.